| 3.1. Introducción |
 |
|
|
|
|
Acercarnos a la provincia de Málaga supone, amigo lector, todo un
reto. Su complejidad orográfica, las vías interiores de algunas
comarcas y sobre todo la pluralidad ritual de sus celebraciones constituyen un
marco rico en vivencias e interpretaciones. Lejos de glosas poéticas
sobre las excelencias patrimoniales o antropológicas, nuestro breve
discurso intentará acercarnos con escuetas pinceladas descriptivas, a la
realidad semanasantera de todos y cada uno de los núcleos urbanos que
pueblan la amplia geografía malacitana. Así pues, la rigurosidad
documental extraída de centenarios legajos, los planteamientos
positivistas con sus innumerables esquemas cardinales y los manuales de estética,
se obvian para apostar por un recorrido variado y sucinto de todos y cada uno de
los enclaves humanos diferenciados y agrupados geográficamente y con un
importante cuerpo visual que animan con su inagotable información las
anotaciones que lo acompañan.
Arte, historia, etnografía y hasta los aromas y sabores de una
gastronomía atávica se engarzan en una sólida columna
vertebrada en el lenguaje común de la Semana Santa. Es, como comentó
el profesor Rafael Chenoll, una cadena de ritos multimorfes para el recuerdo y
el porvenir; comentario que se interrelaciona con nuestro título al
definir al mapa cofradiero de la provincia como una tierra de contrastes.
En esta tesitura pues, se entiende cómo corazones enteros se
aglutinan en complejas representaciones teatrales desarrolladas en el exterior
(Riogordo, Benalmádena, Alozaina, entre otros) o en el interior de
templos a la manera de Auto Sacramental (Casarabonela). Conoceremos el mensaje
dulce y eterno de "la embajá" archidonesa con el sonido
cadencioso de sus sempiternos campanilleros. Los "hermanacos"
antequeranos harán de sus fuerzas, bajo los varales, prodigiosas
maniobras al "correr la Vega".
Recordaremos algunas costumbres ya perdidas como la "velá"
del Monumento en Alozaina, las "plagas" de Tolox o el paso de Olías.
Y nos convertiremos en actores de ese "huerto" del domingo de
resurrección en los pueblos de la serranía, donde María
busca a Jesús convertido en Niño. O lloraremos a la "verónica"
de Faraján en la mañana del Viernes Santo en la procesión
de Padre Jesús; y recordaremos en las Estaciones del Via Crucis con el Señor
Nazareno del Burgo su subida al Calvario.
Jesusistas y cristinos rivalizarán en Arriate, los de "Cristo"
y "Jesús" harán lo propio en Almogía, así
como los "verdes" y "moraos" de Alhaurín el Grande.
Pulso de emociones bajo el mensaje conciliador del Nazareno Redentor.
Y comprenderemos el toro de cuerda de Gaucín en la mañana del
Domingo de Resurrección; y enmudeceremos con recogimiento en la Vía
Sacra de Monda.
Tierra de comprensión y tolerancias, donde se articulan modismos
diferentes en tronos, andas o pasos. Costaleros de Estepona, Ronda o Cuevas de
San Marcos; horquilleros de Cartajima o Cortes de la Frontera; correonistas que
se perdieron en Mijas o portadores en Torremolinos o Vélez-Málaga.
Todos unidos bajo el corazón del varal en una única conjunción
procesionista.
Es la riqueza de nuestras gentes, de un pueblo sabio y defensor de sus puras
tradiciones, ajenos de triviales disputas formales y conocedor de sus raíces.
Es un espejo de admiración constante para las generaciones venideras y
que se erigen en el relevo generacional de padres a hijos con una sola idea:
conservar y mantener en sus más firmes esencias el bagaje heredado de los
mayores.
Y ya es hora, amigo lector, que este RITO y PASION encuentre el eco
suficiente en mentes que se abren ante el rostro sufriente de un Jesús de
infinito perdón y bajo el amparo de la Madre Dolorosa al pie de la Cruz.
 |
Ver también en la provincia |
 |
|
|
|
 |
|
 |
|
|